
Tradicionalmente se le ha otorgado a la mujer un lugar básicamente pasivo en términos de protagonismo, que la mantiene en el ámbito de lo privado destinando el mundo público exclusivamente al sexo masculino.
Si bien ha habido una evolución importante en ese sentido, aun hoy en el 2007 persiste una profunda inequidad entre los géneros, que se manifiesta y traspasa sin duda a la historia de la producción artística. En esta área, la mujer, destacada como símbolo de belleza, intriga y deseo, ha sido relegada siempre al papel de musa, condición que ha permitido desplazarla de su consideración como creadora.
Tomando en cuenta lo anterior cuesta imaginar las estrategias que mujeres de talento tuvieron que desarrollar a principios del siglo pasado para salir a la luz pública producto de su obra, mas aun si hablamos de aquellas que además de apelar a lo estético construyeron un discurso político trasgresor reivindicando la importancia de lo femenino.
En el marco de las vanguardias es posible destacar la participación de unas cuantas mujeres que producto de su relación con hombres artistas de relevancia, permanecieron ocultas para la historia sin que trascendiera su obra en relación directa a la calidad de su producción.
Sin embargo, es posible pensar que los movimientos vanguardistas como tales aportaron a la construcción de un escenario favorable para la aparición de la mujer como realizadora y a que su discurso político y social fuera tomado en cuenta. Es por todos conocido que las vanguardias permitieron en el ámbito artístico el desarrollo de una obra que rompe con las estructuras tradicionales existentes dando pie, por ende, a la inclusión de mujeres que mas allá de ser solo artistas, son artistas mujeres, cuestión que se refleja en el contenido de sus obras, imbuidas de la temática de género.
En movimientos como el surrealista, el cubista o el dadaísta, es posible encontrarse mujeres que a través de la fotografía elaboraron obras escandalizadoras, las que incluso en la actualidad son tema de análisis y admiración. Fueron mujeres y a través de tal diferencia demostraron ser audaces y transgresoras; forjaron discursos y se manifestaron de modo artístico a la par de movimientos teóricos feministas de la época.
El general de éstas, que ya comenzaban a independizarse del sistema típico social, era satirizar en torno al tratamiento que se les daba a las mujeres y a la atmósfera política de la era
pre- I Guerra Mundial .
El fotomontaje era una herramienta o estilo, perfecto para encarnar el cuestionamiento de las normas sociales.
Lee Miller, una de las pocas mujeres que en el período de entreguerras militó en la vanguardia enrolada en el grupo surrealista, se inició en la fotografía a finales de los años veinte junto a
Man Ray. Hizo su carrera a fuerza de obligar a la gente, a menudo mujeres de la clase media superior como ella misma, a creer y luchar de cerca sobre lo “imposible”, a confrontar el oscuro mundo ficticio de la vida en el siglo XX.
Miller – anteriormente modelo y actriz- optó por la búsqueda, tal vez, de una realidad fuera de los estudios. Dejando todo, partió a la cuna de la II guerra mundial, enviando mas tarde a Nueva York, las primeras imágenes más inquietantes que resultaron de la guerra: “imágenes de crueldad y represalia, de supervivencia y compasión, vida y muerte, en medio de las ruinas de una Europa enloquecida.” (Lee Miller: Incongruencias salvajes, J. St. Clair) .
Por otra parte y en un plano mas ligado a lo artístico, Claude Cahun, perteneciente al movimiento surrealista, construyó autorretratos a partir de los modelos típicos asociados al rol de la mujer; con esto, además de reflejar su evidente ambigüedad sexual, definió un estilo discursivo ligado a cierta protesta en torno a lo impuesto socialmente al género femenino. Bajo un sentido estético cabe señalar que sus fotografías provocaron impacto y que sin duda adhirieron al carácter novedoso y rupturista de las vanguardias.
Grete Stern, otra de las mujeres destacadas en términos artísticos y a la que se le suma el aporte que generó en el ambiente argentino y latinoamericano, se destacó por reunir, a través de sus imágenes ensoñadoras, la fuerza suficiente para instalar una propuesta subversiva cargada de una ácida crítica hacia el machismo preponderante.
Podríamos dar aun más ejemplos, pero lo importante es destacar aquello que anteriormente perfilamos: la construcción de un discurso político en el ámbito artístico surge o quizás se potencia con la aparición de las vanguardias, fenómeno que históricamente va a la par con el destape de la propuesta feminista, cuestión que sin duda permite la inclusión de tal discurso en la producción artística de entonces y, que potenciado con las conocidas técnicas que se incorporan en los movimientos de vanguardia, permite forjar propuestas interesantísimas también en términos estéticos.
En definitiva, las vanguardias instalaron el suelo fértil para que fuese posible crear desde una perspectiva de género, no necesariamente porque sus integrantes abrieran las puertas a la mujer, sino más bien porque ellas mismas se apoderaron del espacio que merecían y combinaron con la expresividad de las corrientes artísticas de la época sus propias interrogantes, motivaciones e identidades.
TEXTO POR: PAULA BARRIOS H.
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